Pasados más de 200 años, creemos justo otorgarle una segunda oportunidad a esta mujer de 38 años, imaginando un segundo juicio en el que también comparecieran los seres más cercanos a su vida privada. He aquí una ficción que puede acercarnos aún más a la nobleza del Antiguo Régimen.
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(Vocero)
¡Orden
en la sala!, ¡orden en la sala!
Este
Tribunal Revolucionario se reúne hoy, siendo las 8 de la mañana del día 14 de
agosto de 1793, para iniciar el proceso contra la sra. Maria
Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena, más conocida como “la austríaca” o
simplemente, María Antonieta.
Las
causas por las cuales el sillón de los acusados esta siendo ocupado hoy por la
anteriormente nombrada Reina de Francia, serán leídas por el acusador publico
M. Fouquier-Tinville.M. Fouquier-Tinville, por favor, puede leer los cargos…
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Mr. Fouquier-Tinville
Acusador público en el proceso a María Antonieta.
47 años al momento del juicio.
Abogado revolucionario de la facción más violenta.
Casado con su prima. Cinco hijos.
Antes de la Revolución, llega a comisario de distrito.
“-Comparece ante este
solemne Tribunal Mme. María Antonieta de
Austria-Lorena, de treinta y ocho años de edad, viuda del Rey de Francia. El
pueblo de la nación, aquí representado, apunta el dedo acusador contra esta mujer impía por el delito
de alta traición a la patria."
"La reina, desobedeciendo
los mandatos de su cargo, ha mantenido relaciones políticas con el Rey de
Bohemia y Hungría y, habiendo dado la espalda al pueblo durante todo su
reinado, se ha mofado del hambre y el sufrimiento de sus súbditos,
materializando su actitud en una imperdonable dilapidación de los bienes del
país. El sudor del trabajo del pueblo se ha escurrido en sus más bajos
placeres, en sus intrigas de alcoba con malvados ministros, y ha entregado al Emperador
austro-húngaro, que casualmente es su hermano, las riquezas nacionales para que
fueran utilizadas contra los propios hombres que las crearon."
"La maldad y la perfidia
fueron llevadas por esta mujer hasta lugares que la buena conciencia de los
hombres de Francia nunca le hubiera permitido siquiera sospechar. Ha conspirado
contra el país transmitiendo al enemigo los planes de guerra, ha negociado con
agentes extranjeros, ha impulsado al rey, su marido, a pronunciar el veto,
desencadenando la guerra civil y provocando la matanza de los patriotas."
"Jamás cesó ella, ni un
solo momento, de querer destruir la Libertad; quería reinar a cualquier precio
que fuera, y volver a subir al trono sobre el cadáver de los patriotas."
"Al igual que
las Mesalinas, Bomhildas, Fredegundas y Catalinas de Médicis, a quienes se
calificó en otros tiempos de Reinas de Francia y cuyos nombres, para siempre
odiosos, no se borrarán jamás de los fastos de la historia, María Antonieta,
viuda de Luis Capeto, ha sido, desde su establecimiento en "Francia, azote y
sanguijuela de los franceses."
Me apena
entristecer la conciencia moral de los presentes, pero la verdad sea dicha. La
lujuria habita el cuerpo de los demonios en esta tierra. Y en la famosa orgia
de los Guardias del Corps, ella fue el mismísimo demonio. Es perversa y está
familiarizada con todos los tipos de crímenes."
"Ha llevado la
perfidia y la disimulación hasta el punto de haber hecho imprimir y distribuir
obras en las cuales se la describía bajo poco favorables colores, para engañar
a las potencias extranjeras persuadiéndolas de que era maltratada por los
franceses."
"Por razón de
todas estas inculpaciones, María Antonieta pasa, de la situación de simple
vigilada, a la de acusada.”
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(Vocero)
Agradeciendo
al señor acusador, pasaremos a tomar declaración a los distintos testigos del
caso para iniciar el proceso que lleve a Justicia. Se cita, en primera
instancia, al famoso compositor alemán Christoph Willibald Ritter von Gluck.
Herr Gluck fue, durante la
infancia de la acusada, su maestro de clave; y puede darnos algunos detalles de
su vida cuando pequeña. Herr Gluck, si está en su voluntad jurar, sin odio y
sin temor, decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, escuchamos
lo que tenga para decir.
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Christoph Willibald Ritter von Gluck
Compositor
alemán.
Hubiera
contado con 79 años en el momento del juicio, pero murió 6 años antes.
Fue
profesor de clave de María Antonieta en la corte imperial austro-húngara
durante su infancia.
"-Como todos ustedes saben,
yo fui contratado por la Corte de los Habsburgos para trabajar allí como
compositor de cámara. Fue la propia
María Teresa I, Archiduquesa de Austria, Reina de Hungría, Reina de Bohemia y
madre de la acusada quien se acercó a mi estudio para solicitar mis servicios.
La idea era que yo pudiera iniciar en las artes musicales a María Antonieta,
que en ese entonces contaba con tan sólo 13 años y ya había sido prometida al
Delfín de Francia. Su madre, ocupada con las tareas de Estado, no había puesto
demasiada atención a la educación de sus vástagos. ¡Debe ser mas sencillo
llevar adelante un Imperio, que educar a 15 hijos!"
"Cuando yo me hice cargo de
ella, sus habilidades para escribir correctamente en
alemán y en francés estaban sin desarrollar. Y no poseía siquiera los más
elementales conocimientos de historia y cultura general. Me divertía verla
escapar de sus ayas y abates, siempre tan simpática y alegre. ¡Huía de la
instrucción como de la peste! Pero a mis clases llegaba siempre a tiempo y
siempre también realizaba sus ejercicios. Creo que fue el único espacio al que
se dedicó con cierta devoción. Igualmente, no diré nada de los resultados.
La
preocupación de su madre no era un capricho. Francia siempre fue la enemiga
natural de nuestro Imperio y haber acordado la boda de María Antonieta con la
casa de los Borbones podía ser el inicio de una paz verdadera con nuestros
vecinos."
"El Abad de
Vermont, enviado desde Francia, casi pierde el cabello al darle instrucción a
la pequeña princesa: aunque era inteligente, sus capacidades no se habían
estimulado. Por eso siempre se lo veía insultar en francés a toda voz: no había
modo de que la niña se concentrara. Se aburría con mucha facilidad y Vermont
tenía que romperse la cabeza pensando nuevas maneras para que aprendiera
jugando. ¡Pobre Vermont!"
"Pero era imposible enojarse con ella. ¡Era tan
bonita!, casi decorativa, diría. Y tenía muy buen carácter."
"Seguí
instruyéndola hasta que tuvo 15 años, cuando se dispuso la fecha para su boda y
partió hacia Paris. Por muchos años no supe de ella. Todo lo que me llegó
fueron las noticias de la prensa sobre su reinado. Esas notas hablaban de una
María Antonieta que no se parecía en nada a la que yo conocí."
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(Vocero)
Merci
beaucoup, Herr Gluck. El
Tribunal va a coincidir conmigo que dentro de la acusación de M. Fouquier-Tinville
aparece un delito de gravedad que tiene que ver con la ascendencia de la reina
sobre el último rey de Francia, Luis XVI, a quien María Antonieta dominaba en
sus decisiones. Es por ello que consideramos necesario escuchar que tiene para
decir la que antes fuera la Duquesa de Villars, azafata de María Antonieta en
su juventud.
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Duquesa
de Villars
![]() |
| Famoso cuadro del siglo XVI que retrata a una de las Duquesas de Villars, familiar de la azafata de María Antonieta |
Una de las favoritas de Luis XV, padre de Luis XVI y suegro de María Antonieta.
No
hay demasiados datos sobre su vida. Se hizo inmortal por una controvertida
pintura donde aparece presionando el pezón derecho de su hermana.
Junto
con otras damas de honor, estuvo alrededor de la joven María Antonieta
colaborando con ella durante la boda. De
seguir viva para 1793 (año del juicio) ya sería una anciana.
"Nunca voy a olvidar la
llegada de María Antonieta a París. De una carroza de ensueño, enteramente
dorada, salió por la portezuela una delicada manita blanca. Yo estaba al lado
del Rey, cuando ella bajó y se acercó a él arrodillándose. ¡Se veía tan feliz!
Era pequeñita, pálida, ágil y muy elegante. Me cayó muy bien desde ese primer
momento. No podía entender todas las cosas que se decían de ella. Muchos la
creían frívola y caprichosa, pero para mí era educada y risueña."
"No me equivoco si digo que
todos los que estuvimos en la recepción quedamos atónitos ante su pelo dorado y
sus ojos profundamente azules. Todos gritaban, ¡Que viva la Delfina! Y cómo no
festejar… que estuviera en Francia era todo un símbolo de una paz que se anunciaba
eterna. ¡Nadie hubiera creído en ese momento que nuestro reino tuviera que
pasar por el baño de sangre que vino después! En aquel tiempo todavía había
respeto por el orden que Dios dispuso para las cosas…"
"No sé qué quieren que les
cuente. Le fue presentado el Príncipe y, por lo que yo creo, se aceptaron
inmediatamente. Y, créanme, la boda fue la más espectacular de la que haya
tenido memoria esta Tierra. Se celebró en el
Palacio de Versalles, por supuesto. No hubo quien no festejara en toda
Francia durante la semana que duraron los festejos."
"¡Qué hermosa era su falda
de brocado blanco! Su frescura y su belleza no podían compararse con la cara de
terrible preocupación del Delfín. Yo no sé si ella lo influenció más tarde en
sus decisiones, pero a juzgar por su reacción de ese día, juraría que nada que
ella pudiera decirle lo habría hecho cambiar la más mínima opinión."
"Se preparó un banquete del
que hubiera podido comer la Nación entera durante más de una semana. ¡Qué
manjares! Pero María Antonieta no comió demasiado."
"Me apena un poco contar
esto, pero he jurado decir la verdad. El novio se arrojaba sobre la comida y comía
con tanta avidez que su padre, el Rey, le gastó una broma. Le dijo que no
cargara tanto el estómago pues lo esperaba la noche de bodas. Todos reímos por
la picardía; pero el Delfín contestó que no había que preocuparse, porque
cuando cenaba bien, dormía como un niño."
"Nadie se atrevió a reír y
se hizo un enorme silencio que fue dictado por la cara de enojo del Rey."
"Todos fuimos a la
habitación de los novios para presenciar el protocolo de Boda. Los Príncipes se
acostaron en el lecho después de recibir las bendiciones de todos los
presentes. Ella estaba tan hermosa que, aún hoy, pasados tantos años, no puedo
comprender cómo su esposo la rechazó durante tanto tiempo. La misma María
Antonieta me confesó que sólo después de tres años de matrimonio llegó la consumación.
Tres años en los que ella me juró no haber tenido acceso carnal con nadie. Y
créanme que no me mentía. Cualquier mujer se hubiera desecho de humillación con
ese rechazo. Pero ella era especial."
"Los otros días de
celebración se la vio muy feliz con el espectáculo de los fuegos artificiales."
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(Vocero)
Mientras la testigo declaraba, entró en el recinto una nueva informadora.
Así es que, con el permiso de los presentes, quisiera darle la palabra a Mme.
Adelaida. Ella compartió la Corte con la acusada, al igual que la Duquesa de
Villars. La pertinencia de su testimonio, según me ha adelantado recién al
oído, y el endeble estado de su físico, me hacen interponer su declaración
ahora, saliéndonos de lo previsto. Si no hay oposición de los señores del
jurado, nos gustaría escucharla, Mme. Adelaida…
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Mme.
Adelaida
Hija de Luis XV, hermana de Luis XVI.
61 años al momento
del juicio.
Encargada (a su
pesar) de acompañar a María Antonieta.
Soberbia, engreída.
"Me veo obligada a
intervenir, porque lo que se esta diciendo es completamente falso. Yo nací en
Versalles y nadie va a decirme a mí como eran las cosas allí dentro. María
Antonieta era una arpía. No me avergüenzo en confesar que fui yo quien la
bautizó como “la austríaca”. Porque no era otra cosa que una austríaca, una
trepadora que no podía sacarse su sangre imperial por mucho que quisiera. Podrán
decir que su boda vino a traer la paz, pero no hubo nada que trajera más
desgracias al país galo que su oscura presencia. Francia es desde hace mucho
tiempo un caos, y mucho de eso se lo debemos a “la reina”, ¡quiera Dios que
nadie la recuerde así!"
"Por mis venas corre sangre
azul, pero no puedo dejar de coincidir en un todo con la gente de la Revolución.
En esa silla de acusados esta la causa de las penurias de nuestra Nación; la
fuente de los ríos de sangre."
"Si hubiera podido gritar a
viva voz en su momento todo lo que siempre pensé de ella, lo hubiera hecho.
Pero era la protegida y la Reina. Alguien como ella no tenía que haber tenido
su poder de decisión. Muy otro hubiera sido el destino de Francia si yo hubiese
ocupado su lugar. ¡Las princesas de la Casa de Austria no traen buena suerte a
Francia!"
"¡Coqueta! Vino a
prostituir el reino."
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FIN DE LA PRIMERA PARTE
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(Vocero)
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(1727 – 1794).
Diplomático belga.
Embajador de Austria en París.
Espía al cuidado de María Antonieta
"¿Es que una persona puede ser creída vil por eso? Ella era una Reina joven y nada puede detener a la juventud. Pero claro, esos viejos integrantes de la Corte, a la que ella llamaba “los siglos” no podían soportar tanta energía. Y confundieron sus ansias de diversión con estupidez. Por eso la odiaron…"
“Reinecita de veinte años, que maltratas a la gente de aquí. Volverás a Baviera…”
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Mme. Moreau
Me cuesta ver a la Reina a lo ojos después de semejante
declaración. Que su propio hijo haya dicho lo que nadie aquí puede negar que
dijo, pone aún en más aprietos a la acusada. Este Tribunal Revolucionario
tendrá que ver esta situación en todos sus pormenores por mucho asco de que se
llenen sus corazones.
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No hay imágenes de ella (el cuadro es ilustrativo)
"Estoy profundamente indignada y enfurecida. Nadie aquí me conoce, pero yo trabajé en Palacio a las órdenes de María Antonieta, y aunque todo en mí es humilde, no puedo menos que defenderla como mujer. ¡Lo que acabamos de escuchar es indignante! Es muy fácil hacerle decir a un niño lo que se quiera. Y más sometiéndolo quién sabe a qué clase de presión poniendo en peligro nada menos que a su madre. No tendría que hacer falta mi declaración: nadie que no esté mal parido puede desconocer que la unión entre un hijo y una madre no la permite ninguna ley natural."
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Se trata de un protegido de Robespierre.
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"El Pueblo esta muy engañado sobre nuestros sentimientos. En mi vida tuve que sufrir la muerte de dos de mis vástagos. Ahora Uds. me han separado de Luis Carlos. Tuve que desgarrarme al escuchar los gritos de victoria cuando cortaron la cabeza del Rey. Ya no me importa qué decidan hacer con mi cabeza; ya nada puede hacerme mal."
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(Vocero)
Reanudamos la sesión. Se acusa a María Antonieta, destituida Reina
de Francia por cargos varios de transgresión de la moral y de las buenas
costumbres, así como de traición a la Patria.
Pasamos ahora a los declarantes que la conocieron a partir de su
coronación.
Como todos sabemos, a su llegada al trono, a los 19 años, María
Antonieta comenzó a demostrar lo que realmente era. Como vocera de este
Tribunal y ferviente adherente a la Revolución, voy a decir lo que nadie que
haya vivido en ese régimen de injusticia puede desconocer. Al alejarse de
Versalles “la Reina” se fue a vivir a ese palacio que terminó siendo el pozo
ciego en el que se perdió el oro del pueblo: el llamado “Pequeño Trianón”, esa
pueril imitación de la naturaleza donde descansaron todas las favoritas reales
de sus fatigas sexuales y en el que nuestra acusada no fue la excepción.
Allí Luis XVI dio lugar a todos los caprichos de esta Reina-niña. Es
cierto que la gente la adoraba y la aclamaba, pero esto era porque no conocían
la verdad. Esta buena señora era dada al juego, apostaba a la cavagnole todas las noches y los dineros
que le daba el rey no alcanzaban para cubrir sus pérdidas. Y no creo que ni
siquiera Ud., M. Mercy, pueda negar esta acusación tan fundada.
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M. Mercy
(1727 – 1794).
Diplomático belga.
Embajador de Austria en París.
Espía al cuidado de María Antonieta
"-En honor a la verdad debo decir que es
cierto lo que Ud. dice. Al estar al cuidado de la Reina durante tantos años,
llevando informes de su comportamiento a su madre María Teresa, en innumerables
ocasiones tuve que tratar de disuadir a María Antonieta de ser tan suelta
respecto al manejo del dinero. Pero tampoco es menos cierto que mucho de lo que
de ella se dice es completamente injusto."
"A pesar de que haber estado contratado
para hacer ese trabajo de informador de la Archiduquesa de Austria, puedo decir
que mi relación con la acusada fue muy profunda, casi paternal. Y así como
conocí sus defectos, también supe de sus virtudes. Si bien su madre se enteró
por mí que María Antonieta se negaba a usar corsés muy apretados, que se
descuidaba de fregarse los dientes con la periodicidad requerida por su investidura,
que sus uñas estaban algo abandonadas, que comía demasiados dulces o que jugaba
a las muñecas con las hijas de sus criadas, también fui yo quien le hizo saber
de la maldad y el odio creciente de las madamas que hablaban pestes a su
espalda, dándole a propósito malos consejos por mera envidia. Y también de ese
sucio panfleto dirigido contra ella en el que se decían cosas terribles que ella
habría llevado a cabo con el duque de Aiguillon y con un tal Beaumarchais. Me
permito leer mi informe de aquellos días:
“Hasta hoy en lo que concierne a las
costumbres, no ha habido nunca, en la conducta de la Reina, nada que no haya
llevado el sello del alma más virtuosa.”
"Los celos y las ambiciones de los
hombres y mujeres de la corte colaboraron no poco en dar a la Reina una
inmerecida fama."
"¡Claro que ella quiso ser la mujer más
hermosa del reino y la mejor adornada!; pero, ¿acaso hay mujer que de poderlo
hacer no lo hubiera hecho? Sus extraños peinados o la moda que impuso de llevar
largas plumas en los sombreros o de ampliar el ancho de las faldas con la ayuda
de la modista Rosa Bertin, hablan de su feminidad y de su gusto exquisito."
"¿Es que una persona puede ser creída vil por eso? Ella era una Reina joven y nada puede detener a la juventud. Pero claro, esos viejos integrantes de la Corte, a la que ella llamaba “los siglos” no podían soportar tanta energía. Y confundieron sus ansias de diversión con estupidez. Por eso la odiaron…"
"¿Recuerdan esa copla que se escuchaba
cantar en toda Francia? (intenta cantar):
“Reinecita de veinte años, que maltratas a la gente de aquí. Volverás a Baviera…”
"Los
que tiraban balas contra la Reina, los que esparcieron los horrores sobre ella,
fueron los de esa camarilla jesuítica del Canciller y de las viejas tías,
haciendo circular rumores para perder a su Reina y ser los únicos amos de la Corte.
¡El poder de la envidia es enorme!"
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(Vocero)
Muchas gracias, señor Mercy. Creo, sin embargo, que Mme. Moreau
tiene algo para decir sobre sus palabras. Mme. Moreau…
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Mme. Moreau
"-Creo
que lo dicho por este Mercy pisotea la sangre de los hombres que murieron por
la Revolución."
"Yo
fui una de los tantos a quienes el velo comenzó a corrérsenos. Más influyente que esa desdentada gente de ayer, que ya no
puede morder, sino sólo salpicar la baba, fue la nueva generación, mi generación,
que nunca había logrado todavía el poder y que no quería permanecer más tiempo
en la oscuridad."
"Versalles, con su conducta exclusivista e indolente, se había
apartado tanto de la verdadera Francia, que ya no advertía ni siquiera el borboteo
de las nuevas ideas. Los jóvenes empezábamos a abrir los ojos."
"Sabíamos por primera vez de nuestros derechos por la lectura de
las obras de Jean-Jacques Rousseau. Habíamos visto en la vecina Inglaterra una
democrática forma de gobierno; el cerebro nos desbordaba con el fuego de esas
personas que regresaban de la guerra de la independencia norteamericana, trayendo el mensaje de que existe un país
extranjero en el cual la diferencia de casta y clases sociales ha sido
suprimida por la idea de la Igualdad y de la Libertad."
"En Francia sólo veíamos estancamiento y decadencia, nacidos de la total incapcidad de la Corte."
"En Francia sólo veíamos estancamiento y decadencia, nacidos de la total incapcidad de la Corte."
"Fuimos testigos, con muchísima amargura, de cómo se descomponía el
poder político de Francia, de cómo crecían las deudas, de cómo decaían el
ejército y la armada; se perdían las colonias… mientras que, a nuestro alrededor, los otros Estados se desarrollaban
activamente; nos creció en el pecho el deseo de poner fin a esta desorganización
indolente. Fue el Pueblo y no la Corte quien dio esa triste imagen de la Reina.
Pero no por un espíritu conspirativo, sino porque levantó un enorme espejo para
que se reflejaran sus miserias."
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(Vocero)
Pasemos ahora a la lectura de alguno de los libelos que es común
encontrar contra María Antonieta. Este en particular fue confiscado entre las
pertenencias de la propia Reina y, según fuentes confidenciales, ella lo habría
encontrado debajo de su plato durante una cena en julio de 1785, habiendo intentado
ocultarlo para que nadie más lo viera.
En cualquier caso, es bueno que la Soberana Consorte se entere de
que este tipo de escritos son hallables en todas partes y circulan más que la
mugre.
LIBELO:
LIBELO:
“Que a nadie sorprenda que
Mme. Lamballe y Mme. Polignac estén siempre cerca de la austríaca: todos se
arriman a quienes les dan placer. En sus miradas pícaras y en las sonrisas que
comparten sin que nada haya por lo que reír, se advierte que sus servicios no
acaban en lo puramente vinculado a las necesidades sociales.
"Erotómana insaciable y
perversa, su lascivia impide que el rey gobierne: ¿Quién podría ponerse la
corona con esos enormes cuernos? Se cae de maduro que el Delfín, o bien es
semilla bastarda, o bien es un milagro de la naturaleza: no surgen los líquidos
de la vida de los dedos de las cortesanas.”
Y dicho esto juzgo fundamental que pase al estrado a dar su
declaración el Delfín Luis Carlos, de 11 años, hijo de la Reina.
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Luis
Carlos
Tercer hijo de María Antonieta (después
Luis XVII) 11
años al momento del juicio, obligado a comparecer contra su madre.
"Mi
madre y mi tía me incentivaron a masturbarme. También me vi obligado a
participar de muchos juegos sexuales junto con ellas y otros miembros de la
corte."
"Yo
soy un efecto de la degradación moral de una monarquía que no respeta el
espíritu popular."
"Sufrí
vejaciones por las que nunca hubiera pasado un hijo de los ideales de la
Revolución."
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(Vocero)
Tomará ahora la palabra Genoveva Poitrine:
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Genoveva Poitrine
No hay imágenes de ella (el cuadro es ilustrativo)
Fue la nodriza de Luis José, primer hijo de
María Antonieta, muerto tempranamente por una tuberculosis que le habría
contagiado la misma Genoveva al darle el pecho.
Era una robusta campesina, que le cantaba a
Luis José una canción popular que se le pego a la reina y que se popularizó
mundialmente gracias a ello: Marlbrough s'en va-t-en guerre, españolizada como Mambrú.
"Estoy profundamente indignada y enfurecida. Nadie aquí me conoce, pero yo trabajé en Palacio a las órdenes de María Antonieta, y aunque todo en mí es humilde, no puedo menos que defenderla como mujer. ¡Lo que acabamos de escuchar es indignante! Es muy fácil hacerle decir a un niño lo que se quiera. Y más sometiéndolo quién sabe a qué clase de presión poniendo en peligro nada menos que a su madre. No tendría que hacer falta mi declaración: nadie que no esté mal parido puede desconocer que la unión entre un hijo y una madre no la permite ninguna ley natural."
"A
mí me toco cuidar de Luis José, el primer Delfín de los Reyes. Yo fui quien lo
acunó y arrulló, cantándole la vieja canción de Mambrú que tanto gustaba a la
reina. Y aunque tengo un profundo dolor causado por las viejas ratas de la Corte,
que me acusaron injustamente de haberle contagiado al niño a través del pecho
la tuberculosis que acabó tempranamente con su vida, siento que ese dolor no
debe opacar mi sentido de justicia."
"María
Antonieta de Austria fue una gran madre y no he visto a otra mujer llorar como
ella por la desaparición de sus vástagos. Todo lo que se ha dicho aquí en
contra de ella ha surgido sólo porque las palabras son gratuitas. Igual que lo
que sucedió con el comentado caso del collar."
"¿Cuántos
tuvieron que cerrar la boca después de acusarla tan duramente de estafa cuando
se supo la verdad del asunto? Yo viví ese proceso desde adentro y sé de la
enorme humillación que la Reina tuvo que soportar."
"En
1785 la Reina fue acusada de haber cometido una estafa contra los joyeros de la corte, Charles Boehmer y Marc Bassenge.
Estos artesanos se encontraban en un gran aprieto económico al haberse quedado
con un costosísimo collar después de que se muriera Luis XV, quien se lo
encargara para su amante. Ante una situación tan complicada, los joyeros
intentaron ofrecérselo a la Reina que hoy estamos acusando."
"Recuerdo que ella soñaba con esa joya y me la debe haber
descripto más de mil veces. ¡Le encantaba!, pero era tan caro que ni ella podía
pagarlo; y tuvo que quedarse con las ganas."
"Por
esas cosas de la vida, el collar llegó a manos de la condesa Jeanne Valois de
la Motte y todos sabemos lo que pasó. Esta mujerzuela le hizo creer al pobre
cardenal de Rohan que la conocía a la Reina y que ella le había mandado a decir
que si él ponía el dinero para su compra, ella lo recompensaría nombrándolo
Primer Ministro."
"Por
supuesto que esta señora era una estafadora y no sólo nunca había recibido
encargo alguno de la Reina, sino que jamás la había conocido."
"El
cardenal había sido engañado y tuvo que empeñarse para cumplir con el pago del
collar, mientras que esa puta de la Motte se quedó con la joya y se volvió
millonaria"
"¡Pero
claro!, todos, desde los hombres y las mujeres más bajos, hasta el más
emperifollado de los soberbios nobles, todos creyeron que detrás de semejante
robo estaba la pobre Reina. Que todo lo había hecho para desprestigiar a Rohan.
Y más que nunca aparecieron por todos lados esos folletos insultantes que antes
leyó la vocera".
"Todo
el pueblo la acusó de gastar dinerales en lujos superfluos mientras ellos se
morían de hambre. ¿O no recuerdan cuando le decían “Madame Deficit”? ¿¡Y dónde tuvieron que meterse sus palabras!?
Espero que en el mismo lugar en el que se tengan que meter todas las cosas
horribles que ahora están diciendo de ella."
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(Vocero)
Yo creo que estamos todos cansados y que este proceso se está
demorando demasiado. Si fuera mi voluntad la que decidiera, para mí acabarían
aquí los testimonios. Pero para que la posteridad no juzgue que se ha actuado
sin las exigencias del caso, daremos paso al último expositor previsto: el
excelentísimo señor Herman, Presidente del Tribunal.
M. Herman, se le cede la palabra.
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M.
Herman
Se trata de un protegido de Robespierre.
Fue el Presidente del Tribunal que juzgara a María Antonieta.
No hay imágenes
de él (salvo en el detalle de grabados sobre el juicio).
Tenia
34 años en el juicio y formaba parte de la facción mas radicalizada de la
Revolución.
"No
pueden conmoverme las palabras de los defensores de esta mujer que se ha hecho
llamar durante tanto tiempo la Reina. Si el más inepto de los poetas escribe un
millón de líneas, de seguro podrán rescatarse de entre ellas algunas
maravillosas. Pero eso no lo convierte en un gran artista. Y eso es lo que han
hecho quienes aquí defendieron a María Antonieta: seleccionar un par de líneas
rescatables de su vida."
"Esta
pérfida mujer es el símbolo de un sistema caído, que alcanzó su altura parado
sobre las cabezas sangrantes del Pueblo durante siglos."
"Francia
vivió siempre ciega a los más altos ideales, y la nobleza aprovechó esta
ceguera para guiarnos al abismo."
"Pero
desde hace un tiempo la Razón nos ha permitido correr los velos, encender las
luces y ver la Verdad. Y es por esta Verdad que el Pueblo se levantó en
armas. Hemos dado nuestras vidas para
poder vivir y regamos el suelo de sangre para que florezcan la Libertad, la
Igualdad y la Prosperidad en este suelo seco durante tanto tiempo."
"Hay
fines mucho más altos que el cielo y para conseguirlos no pueden mirarse las
cosas a la altura de la Tierra. Pues aunque pudiera darse fe de que esta mujer
venida de otro reino ha sido la más proba entre las probas, no podría oponerse
este reparo a la necesidad de que la Historia encuentre los objetivos para los
cuales fue creado el tiempo."
"Pero
claro que nadie podrá convencerme de que esta mujer ha sido honesta. Apelo a
esa virtud mal distribuida entre los pueblos que es la memoria, para recordar
adonde nos llevaron la inconsciencia y la insensibilidad de esta mujer."
"¿Se
olvidan de la jornada del 5 de octubre de 1789, cuando cinco o seis mil mujeres
caminaron los veinte mil metros que separan París de Versalles bajo la lluvia
para pedir por pan?"
"Se
me hincha el pecho de orgullo y parece que todavía escucho los gritos de esas
indignadas: “¡Le vamos a cortar el cuello!”, clamaban. “¡Vamos a hacer cintas
con sus tripas!”. “¡Pan, pan!”
"Ya
habíamos tomado la Bastilla y ahora íbamos por los Reyes. Y por nuestro pan que
se había comido esta hiena. Ni siquiera los vidrios rotos y la balacera podían
ensordecer a la multitud. Los panes en la punta de los palos simbolizaban el
hambre. Las cabezas de los guardias que alzábamos de los pelos, la Justicia."
"Subimos
al rey, a la reina y al Delfín a una carreta para llevarlos a París mientras
las mujeres se reían diciendo: ¡traemos al panadero, a la panadera y al
panaderito!..."
(…)
"Si
alguien influyó en el Rey para que vetara la Declaración de los Derechos del
Hombre, esa fue esta malvada. Y nadie que se oponga a la Humanidad merece
vivir."
"He
escuchado voces que nos juzgan de sanguinarios por haber paseado la cabeza de
Mme. De Lamballe – la amiga y amante de este monstruo - por toda la ciudad el
año pasado durante las revueltas de septiembre. O por haber dado malos tratos a
María Antonieta en la cárcel de la Conciergerí. ¿Qué hubieran querido?, ¿que
esculpiéramos una estatua de esta perra que cuando se le dijo que el pueblo no
tenia pan, contestó sarcásticamente que le dieran tortas?"
"El
pueblo no comete errores. El pueblo supo qué hacer y volverá a juzgar con
certeza. No tengo más que decir. Que el jurado dé su veredicto."
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(Vocero)
Considero suficiente todo lo dicho. Nadie aquí va a actuar por
venganza, sino por Justicia. Por eso, previo al veredicto que decida la suerte
de la acusada, será menester que ella tome la palabra. María Antonieta… podés
hablar.
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Maria Antonieta
"El Pueblo esta muy engañado sobre nuestros sentimientos. En mi vida tuve que sufrir la muerte de dos de mis vástagos. Ahora Uds. me han separado de Luis Carlos. Tuve que desgarrarme al escuchar los gritos de victoria cuando cortaron la cabeza del Rey. Ya no me importa qué decidan hacer con mi cabeza; ya nada puede hacerme mal."
"Me
han acusado de querer perjudicar a la Nación aliándome con mi familia. Sepan
que mi familia son mis hijos; yo no puedo estar bien más que con ellos, y sin
ellos en ninguna parte."
"Se
que me creen una espina en el pie que hay que arrancar de cuajo. Pero no creo
que ni aun la peor de las sospechas justifique las injurias a que me han
sometido. Tengo en contra a los envidiosos de la Corte y al Pueblo que fue mal
informado."
"Nadie
aquí ha articulado ningún hecho positivo contra mí. Termino haciendo observar
que yo no era más que la mujer de Luis XVI y que tenía que conformarme a sus
voluntades."
(…)
"¡Dios
mío! ¡Ten piedad de mí! Mis ojos no tienen ya lágrimas para llorar por mis
hijos…"
"Si
soy condenada, no lo seré a una muerte deshonrosa, que solo es para los
criminales, sino que iré a reunirme con mi marido. Inocente como él, espero
mostrar la misma firmeza que él tuvo en sus últimos momentos."
"Estoy
en calma como se esta cuando la conciencia no reprocha nada. Tengo un profundo
sentimiento por la posibilidad de abandonar a mis pobres niños; yo no existía
más que para ellos."
"Pido
perdón a todos aquellos que conozco por todas las penas que sin quererlo
hubiera podido causarles. Perdono a todos mis enemigos el mal que me han
hecho."
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(Vocero)
Bien, le pido al jurado que se expida. María Antonieta: ¿culpable o inocente?. Votemos por favor...
Bien, le pido al jurado que se expida. María Antonieta: ¿culpable o inocente?. Votemos por favor...
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